Unos pocos hábitos sencillos hacen que las recogidas sean más rápidas, mantienen intactos tus depósitos y ayudan a tu Recolector local a ganar más. Así preparas cada envase vacío.
Pasos sencillos que marcan una gran diferencia
Un chorro rápido de agua evita que las latas y botellas se vuelvan pegajosas o malolientes mientras esperan. No hace falta fregar: solo vacía cualquier resto.
Los envases aplastados o aplanados pueden ser difíciles de contar en el depósito y quizá no se escaneen para su reembolso. Déjalos enteros para que cada envase vacío conserve todo su valor.
Mantener las latas, el vidrio y el plástico agrupados de forma suelta acelera el conteo en el depósito de reciclaje: una pequeña gentileza que le ahorra tiempo a tu Recolector.
Usa una bolsa resistente o un contenedor reutilizable para que nada se derrame ni salga volando. Ata las bolsas sin apretar: fáciles de cargar, fáciles de revisar.
Un rincón del garaje, el porche o el cobertizo funciona de maravilla. Mantener los envases vacíos fuera de la lluvia evita el moho y conserva las etiquetas legibles para el conteo.
La mayoría de los envases de bebidas listas para beber tienen un depósito reembolsable. Ejemplos comunes incluyen:
Estos por lo general no tienen depósito: déjalos fuera de tu bolsa de recogida para que el conteo sea exacto:
Ante la duda, apártalo y pregunta: tu Recolector puede decirte qué acepta su depósito.
Trabaja con más inteligencia y gana más en cada ruta
Agrupa las recogidas cercanas para pasar menos tiempo desplazándote y más tiempo recolectando. Las rutas compactas significan más paradas por viaje.
Separa las latas, el vidrio y el plástico en el camino para que el conteo en el centro de reciclaje sea rápido y te paguen antes.
Preséntate en el horario que te comprometiste. Los vecinos contentos vuelven a programar y se lo cuentan a sus amigos: así crece una ruta.
Guarda tus envases vacíos y programa una recogida: solo toma un minuto.
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